Creo que las competencias entre las personas son absurdas,
porque nos distancian de los demás y nos dañan a nosotros mismo. Deberíamos ver
los logros de los demás y sus dones como algo que nos enriquece, que nos
complementa, que nos hace ser distintos y especiales.
Si además la otra persona es un amigo o un ser querido,
deberíamos alegrarnos de su suerte y de sus éxitos, pero ya sabéis, queridos
amigos, que esto no es así.
La envidia causa más muertes que las bombas, la envidia
corroe y mata la voluntad, porque quien envidia no vive su vida y además hace
daño, mucho daño a la persona que envidia y a sí mismo.
La envidia es uno de los peores defectos del ser humano,
porque además es sigilosa, no se ve venir, casi siempre es arpía que en
silencio va tejiendo una tela que hace distorsionar la realidad, hay miles de
ejemplos de actos bárbaros cometidos por envidia, entre amigos, vecinos,
compañeros, hermanos…ya lo muestra la Biblia como uno de los primeros pecados y
casi el más grave, la envidia entre Caín y Abel, pues esto, hoy en día, se
sigue dando.
Cuántas familias hay separadas y enfrentadas por la envidia,
esa envidia que es la peor, la de los hermanos, rivalidades que se alargan en
el tiempo, que vienen desde la infancia y que degeneran en la madurez en luchas
por herencias etc. y que acaban casi siempre en la falta de relación, lo que se
suele decir: sin hablarse.
La envidia en el trabajo, sea cual sea la profesión y en
cualquier ámbito. Es muy triste ver cómo las personas que deberían colaborar
juntas para sacar un trabajo adelante en armonía, están peleando e intentando
ponerse la zancadilla a cada momento.
Esto crea unas tensiones a veces
insoportables, porque se repiten cada día y van minando el ánimo tanto del
envidioso como del envidiado, hay veces que la situación es tan insostenible
que alguno de los dos tiene que renunciar al trabajo, aquel trabajo que le
costó tanto conseguir y con el que se sentía a gusto, y que ahora se convierte
en un infierno, en una lucha constante que muchos no soportan y caen hasta en
grandes depresiones.
Pero también está la envidia entre amigos, aquellos que por
delante te sonríen y te felicitan, te dan palmaditas en la espalda, y por detrás van tejiendo una maraña para
desprestigiarte, en los que la falsedad y la hipocresía se instala, y que
muchas veces hace que nos preguntemos: “¿Con amigos así quién quiere
enemigos?”.
Si cambiásemos la perspectiva de las cosas el mundo sería
más feliz, nos liberaríamos de la envidia, que es una pesada carga.
Cada uno nacemos con unos dones, con unas capacidades, con
unas características intrínsecas que no son transferibles, y en vez de estar
alegres y agradecidos por los dones que tenemos, nos dedicamos a mirar lo que
no tenemos, y que otros, puede que tengan.
Como ejemplo, para
que se entienda, si ves un cantante de ópera con una voz extraordinaria, no
debes envidiarle, pues nació con ese don y además lo trabajó duro, ¿Qué
ganaríamos con envidiarlo? Absolutamente nada, o lo que es peor un enfado y un
mal rato.
Lo que debemos hacer es disfrutarlo, disfrutar de su voz y alegrarnos
de que nos transmita tanta belleza.
Así cada cual tiene sus dones y sus capacidades, no debemos
mirar lo que nos falta, sino lo que tenemos, y alegrarnos porque nos fue
concedido para aprovecharlo y disfrutarlo.
Se nos dio una vida, un cuerpo, una mente, un espíritu…para
que hagamos con él la obra más bonita que podamos, no lo enturbiemos con
pensamientos que no llevan más que a la desesperación.
La envidia te esclaviza, libérate de la envidia, que es como
descargarte de un saco de piedras, cada cual es único y todos tenemos nuestras
cosas buenas y malas, pero son: nuestras cosas.
Pretender ser lo que no somos
no lleva a ninguna parte.
También es cierto que la sociedad no ayuda nada, pues la
publicidad y el consumismo nos indica que debemos poseer lo que el otro tiene,
tener más que los demás, y no solo en lo material, sino también en lo
intelectual, querer saber más o aparentar saber más, en lo espiritual querer
hacer más terapias que nadie, contactar con más seres divinos que nadie…
En todos los ámbitos está presente la envidia, y el querer
sobresalir por encima de los demás, cuando todos somos únicos y por mucho que
queramos nunca vamos a ser otro, para eso tendríamos que nacer de nuevo, y aun
así, seguiríamos llevando impreso en nuestra alma ciertas características que
no cambiarían con el tiempo.
La vida es corta, no debemos malgastarla en querer vivir la
vida de los demás, estaremos muriendo a nuestra propia vida. Disfruta cada día
de lo que tienes, de lo que eres, de lo que te regalaron, y haz el mejor uso de
ello que puedas. Nadie te exige que seas más, salvo tú mismo.
Somos los peores jueces, nosotros mismos.
Nos ponemos el
nivel de exigencia tan alto, que no podemos llegar y además nos asfixiamos en
el intento. Disfruta de cada día, de cada momento, de cada segundo…disfruta del
camino, y piensa también, que tienes derecho a equivocarte, a fallar, a ser, en
definitiva, humano.
¡Libérate de la envidia! ¡Vive y deja vivir! Y tu vida será
mucho más tranquila y mucho más feliz.
Myriam Cobos

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