Esta tarde, volviendo del trabajo, encontré una paloma muy
malherida en la acera, me quedé allí, pensando qué podría hacer por
ella...
Estaba tan mal, sangraba, posiblemente había sido atropellada por un
coche...la gente que pasaba me veía mirarla con preocupación y me decían que le
retorciese el cuello para abreviar su sufrimiento...yo pensaba: pobrecita,
bastante tiene, yo sería incapaz de hacer algo así.
Entonces, escuché a mi
corazón y tan sólo pude hacer lo que mejor sé, darle amor.
Me agaché y comencé a
acariciarla suavemente con cariño la cabecita, el cuello, le puse la mano como
manto de protección...en ese momento, dejó de quejarse, su respiración se
volvió tranquila y expiró en paz...sentí cómo depositaba su alma en mi mano,
que yo elevé al cielo con un soplido, que la llevó hasta el infinito...
D.E.P.
Myriam Cobos
